l mundo esta cambiando.
Pareciera que los siglos que lleva sobre su espalda han resentido su corteza. Nada está en su sitio.
Cambia la política. Cambia el clima. Cambia la religión.
Cambian las ideas.
(Cambia, todo cambia...)
Pero el proceso de cambio se ha vuelto pernicioso.
Ha cambiado a la mujer.
Y no me refiero al tema --tan manoseado ya-- de la liberación femenina.
No.
Voy mucho más allá.
La mujer se está congelando. En el sentido literal de la palabra. Robotizando, mecanizando.
Insensibilizando.
Petrificando.
Lejos, muy lejos, quedaron los tiempos de Love Stories, Julietas y Scarlets.
Ahora, llevan los pantalones.
En todas partes están. Estudian, trabajan.
Mandan.
Lucharon por ello. Duele reconocerlo, pero sus esfuerzos dieron fruto.
Están al mismo nivel del hombre.
Pero hubo un precio.
Perdieron su sexto sentido.
No captan.
DOS TESTIMONIOS
(Los nombres han sido cambiados para no herir susceptibilidades)
Pablo, 20 años, estudiante:
"Siempre estuve enamorado de la Cristina. La conocí en una fiesta y el flechazo fue fulminante. Me
volví loco. Recuerdo que no me moví de su lado en toda la noche. Bailamos. La fuí a
dejar. Le insinué mi deseo de volver a verla. No reaccionó.
Yo lo tomé como un ‘yo también quiero verte de nuevo’ y quedé de pasarla
a buscar unos días después. Así nació lo que yo creía una amistad
verdadera. Pero me enamoré.
"Compartimos juntos, como amigos, cerca de siete años. Varias veces intenté decirle lo que
sentía, pero ella no parecía entender nada. Una noche me armé de valor y la
invité al cine. Recuerdo que ella sonrió. No dijo nada. Yo lo tomé como un '
Genial!'. Llegamos en mitad de la película que, creo, era de terror. Compré palomitas y
me senté muy junto a ella. Al poco rato cogí su mano. Ella no reaccionó. en un primer
momento. Yo me pasaba mil películas al margen de laq eu exhibía el cine (que creo que era
tridimensional, porque nos habían pasado unos lentes al entrar). Como decía, me pasaba
películas, cuendo la Cristina retiró su mano. Me miró. 'Estoy pololeando', dijo.
Recuerdo su voz... Cómo olvidarla? Atona, impersonal. Se levantó y se fue. Yo
quedé en el cine, solo, con mis palomitas y un par de lentes estúpidos.
'"Mucho tiempo después la volví a ver. En otra fiesta. Me acerqué a ella. Quise
sacarla a bailar. Pero estaba con su pololo. Era otro. Ya le había conocido cinco o seis distintos
durante esos años que estuve tan enamorado. Hace poco supe que se iba a casar. Está
embarazada y yo todavía la quiero..."
Raúl, 45 años, empresario. Casado, tres hijos.
"Me es partícularmente dolorosa la experiencia que viví, estando soltero, con Paola, mi
secretaria privada. Desde el primer día que la vi entrar a mi oficina, me enamoré... Quise
declararme de inmediato, pero la ética de la empresa me lo impedía. Pero le hice claras mis
intenciones. Al menos eso creí. La comencé a invitar a cenar, primero en restoranes y luego a
mi casa. Cenas íntimas o, al menos, eso era lo que yo creía. Con velas, champaña y
esas cosas (...). Luego fueron las flores. Mi cuenta bancaria iba mermando por las sumas reiteradas que giraba
para comprar ramos y más ramos de rosas, violetas, jazmines. Me convertí en un experto en
Botánica. Las reconocía por el olor (...). Después fueron los regalos: Joyas, pieles,
electrodomésticos. Hasta ropa interior.
"No fui lo suficientemente explícito.
"Un día, Paola se fue.
"Creí enloquecer. Pero la calma siguió al dolor. Y abrí mi corazón al sabio
proverbio ‘un clavo saca a otro clavo’. Despechado, me casé a los pocos días con la
florista, la de los ramos,. y quién lo hubiera dicho! Llevamos doce años en feliz matrimonio y ya
tenemos tres chicocos que alegran nuestro hogar".
BUSCANDO RESPUESTAS
El sexto sentido de las féminas, cuando funcionaba en gloria y majestad, era muy efectivo, e
históricamente comprobable. Por ejemplo, Cleopatra intuyó brillantemente que detrás
de la insistencia de Marco Antonio, Julio César y, en general, de todo soldado romano que se le
cruzara
por delante, había algo más que intenciones políticas y diplomáticas. Por este
mismo sexto sentido la casta Julieta tuvo el tino de aceptar a Romeo, pese a lo que opinaran sus abuelos. De
ambos.
Pero qué sucedería si Julieta viviera hoy? Con seguridad la historia no sería la misma.
Romeo tendría que estar visitando insistentemente a su amada, diariamente durante tres o cuatro
años, para que ella vislumbrara sus intenciones. O, incluso, montar una tienda de campaña en el
balcón de la heroína de Shakespeare.
Y quizás ni así se daría por aludida.
Puede parecer exageración, pero es así.
Una de las respuestas es, quizá, que su sexto sentido está intacto, funcionando
normalmente.
Pero entonces la cosa se torna monstruosa.
Querría decir, simplemente, que la mujer ha asumido completamente el rol del hombre y
aborrecería toda muestra de sensibilidad y romanticismo de parte de ellos.
Y más aún, este hecho implicaría que están haciendo uso de su capacidad de
selección, y son ellas las que eligen a su presa, y las que, no digamos declaran su amor, sino que cogen
al desventurado para luego exhibirlo como trofeo de caza.
Y por eso el desprecio hacia los intentos amorosos del sexo opuesto.
Y por eso el poco sentido de captación.
Es más fácil creer que su sexto sentido, su tino y su tacto se han ido degradando con el
tiempo, atrofiándose. Quizá estemos en una nueva etapa de la evolución humana que,
por primera vez ha hecho discriminación de sexos.
Remedio, por el momento, no hay. Estamos obligados a dejar la solución en manos del tiempo. Puede
ser que en un par de milenios vuelvan a ser las de antes y podamos volver a confiar en ellas.
"Pero eso no nos ayuda mucho" seguramente dirá algún depresivo desconsolado por
la escasa capacidad de captación de la mujer de sus sueños.
A niveles micro, la respuesta es fácil.
Olvidela.
Busque otra.
Y si ésta no capta, otra.
Y otra.
Terminará con una.
Aunque sea fea.
Al fin y al cabo, el hombre nunca se fija en lo físico de su posible pareja
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